viernes, 12 de enero de 2018

Espíritu indómito. Del color de la leche, Nell Leyshon


Sexto Piso, 2013

I.

            Venía precedida por una serie de comentarios elogiosos en general, entre los que se contaban los de Norah y AnaBlasfuemia. Por ello, dejé que el tiempo se acumulara en su portada y hoy, tres años después del boom literario que supuso su lanzamiento, la encaré sin mayores expectativas.

II.

            Estamos en una aldea inglesa en 1830 y Mary, la menor de las cuatro hijas de un granjero, con catorce años de edad y una pierna mala, debe abandonar la granja donde vive con sus padres, hermanas y un abuelo tullido para ocuparse de la asistencia de la mujer del párroco local, a cambio de dinero para el resto de la familia. Pronto, con su estilo frontal y campechano, se gana el reconocimiento de la enferma, aunque su afilada lengua y una mirada desencantada de la vida le ocasionan no pocas dificultades.

III.

         Con escasos elementos narrativos, Leyshon compone una heroína analfabeta -muy propia del universo de Dickens- quien, a pesar de los malos tratos paternos, la indiferencia de madre y hermanas y las duras tareas cotidianas a las que se ve sometida desde pequeña, no le falta el aislado cariño del abuelo ni tampoco vive la vida que le tocó sin algo de humor. Sólo la falta aprender a leer y escribir; el resto, se lo ha enseñado la minuciosa observación de la propia vida familiar y su entorno. Y eso es justamente lo que le ofrece el párroco… no sin costo.

IV.

            El gran acierto de esta sentimental novela es la narración de Mary en primera persona, una vez que aprendió a leer y escribir. La construcción del personaje de espíritu indómito y algo pueril, que se lanza a contar su historia –por una razón develada sólo al final- es sencillamente magnífica desde lo narrativo, puesto que lo hace sin el uso de mayúsculas, con frases cortas y párrafos que se repiten. Leyshon ha encontrado la voz adecuada para su personaje principal, que no sólo vuelve completamente creíble la historia, sino que además la hace significativa.

V.

            De estilo directo y con reflexiones propias de alguien carente de la más mínima hipocresía, la novela resulta tan fluida que se lee de un sentón. Un libro entrañable, con una de esas historias que no se encuentran habitualmente entre las propuestas del mainstream literario y que es recomendable visitar.

viernes, 5 de enero de 2018

Incunables 7. Choque de culturas. Voces de un Mundo Distante, Arthur C. Clarke


Emecé, 1986

I.

            Debe haber sido la nostalgia. O mejor, la necesidad de cubrir un vacío literario. El último título suyo lo leí, por lo menos, hace un cuarto de siglo. Fue producto de un regalo efectuado por un apasionado de la ciencia – ficción, que no podía comprender mi escasa devoción al género. Por supuesto, no fue lo único que abordé pero mi bagaje aún hoy sigue siendo magro. Tras tantas letras rusas, qué mejor que un incunable de Clarke en lengua española para concluir el 2017.

II.

            Estamos en Tarna, playa de una de las tres islas que compone el planeta Thalassa, distante del sistema solar unos doscientos años luz, en el año 3627 de nuestra era. Colonizado por embriones –enviados setecientos años antes- y con una floreciente sociedad humana, recibe la visita de la nave Magallanes, con miles de seres humanos que, habiendo escapado de la destrucción de la Tierra, hibernan en su interior. La nave permanecerá en órbita mientras algunos miembros de la tripulación descienden con el fin de abastecerse de hielo -usado como escudo protector- en su camino al planeta Sagan 2, lo que les demandará un par de años.

III.

            El planteo de Clarke es claro. Una civilización más primitiva pero con recursos conocidos es abordada por una más desarrollada, con otras necesidades. El intercambio, a su vez, genera conflictos, más allá de virus y/o bacterias: subyace la pregunta de si Thalassa no puede ser el destino final de semejante viaje. Es que el amor se presenta en cualquier rincón donde haya vida.

IV.

            Haciendo gala de sus conocimientos científicos y dueño de una prosa eficaz, Clarke construye una novela donde la diplomacia, los recelos mutuos, la camaradería y la idiosincrasia de ambas civilizaciones se conjugan para mostrar que el choque de culturas no tiene por qué concluir en una invasión ni tampoco en una matanza. De estilo fluido y coloquial, con elementos propios de sci–fi –el empuje cuántico, radioholografías, etc.-, Clarke mantiene la tensión hasta un final ameno y algo melancólico. Un autor cuya obra es recomendable visitar, al menos alguna vez.

V.

             Una pequeña mención final sobre el trabajo de Mike Oldfield, de 1994, basado en este libro. El propio Clarke le agradecía la gentileza de haberse inspirado en su novela para componer una serie de temas alegóricos que mezclan sonidos de cuerdas, electrónicos, corales y étnicos, muy adecuado al ambiente de Thalassa y sus habitantes. Ha sido un deleite escuchar esas pistas ya añejas en sintonía con la lectura. Recuperé así un viejo placer, largamente demorado.

La inspirada obra de Oldfield acompaña a la edición incunable

domingo, 31 de diciembre de 2017

Fin de AÑO RUSO

            Haciendo un recuento de los libros leídos durante el 2017, queda claro que la literatura rusa ha tenido preponderancia absoluta, tal como queda demostrado por la cantidad de títulos de ese origen. No es para menos; la propuesta inicial me arrastró a encarar muchas obras que ni siquiera se hallaban en mi haber y fueron apareciendo a lo largo del año. Algunos autores no figuraban en el listado original; otros, fueron dejando su lugar a algunos más contemporáneos.

            Así, aparecieron bajo esta etiqueta dos Versiones Originales rescatadas del recuerdo, veintinueve títulos en papel, uno en formato digital, reunidos en treinta y seis volúmenes. Al mirar hacia atrás la lista parece extensa pero soy consciente de que es incompleta. Afortunadamente, quedan otros muchos libros de autores rusos para seguir despuntando el noble vicio de leer, porque la literatura siempre da revancha.

            No quería despedir el 2017 sin agradecer a todos aquellos que, de uno u otro modo, con comentarios y palabras de aliento o con la sola lectura de las reseñas, apuntalaron a lo largo del año esta loca quimera de allegar obras de autores rusos. Valgan estas torpes líneas como gesto de cariño y reconocimiento a cada uno en especial. Ojalá que aquel deseo de marras de descubrir nuevas letras y escritores a potenciales lectores se haya cumplido.

            ¡Feliz 2018 y buenas lecturas!

A excepción del libro digital, el Año Ruso completo, junto a un mudo par de testigos

jueves, 28 de diciembre de 2017

Archipiélago Gulag. Libro 3, Alexandr Solzhenitsyn


Tusquets, 2010

           Este volumen final se divide en tres partes. En la Quinta Parte, El presidio, Solzhenitsyn repasa la formación de los Campos Especiales, donde destinaban a los condenados por el Artículo 58, excepto a aquellos encargados de propaganda antisoviética. Además, comienza a relatarnos su periplo a lo largo de los años 50, en Ekibastuz, Kazajistán, donde comenzó a escribir Un día en la vida de Iván Denísovich, hasta que cumplió su condena de ocho años y fue liberado, aguardándole aún el destierro perpetuo.

            Lo más relevante de esta parte reside en su visión sobre las insurrecciones, evasiones y fugas de los distintos presidios; la lucha contra el nuevo gobierno de Jruschov -que le permitió publicar alguna de sus obras-; la necesidad de desmantelar los campos que conformaban el Archipiélago y la repercusión de la caída de Beria a la muerte de Stalin, con el comienzo del período de deshielo.

            En la Sexta Parte, El confinamiento, se ocupa de la vida en el destierro. El autor, una vez en libertad, fue enviado al pueblo kazajo de Kok – Terek, entre 1953 y 1956, donde ejerció de maestro de matemáticas y física para ganarse la vida, mientras continuaba escribiendo clandestinamente.

            En esta parte se enfoca el afincamiento al presidio de los reclusos quienes, una vez liberados, volvían a él porque no había posibilidad de reinserción social; la necesidad de olvidar el pasado en el campo, la falta de hábito al reencontrarse con los familiares. También narra cómo el Estado encontró la manera de apropiarse de las tierras de los campesinos utilizando el proceso de ‘deskulakización’ –kulak: propietario burgués de tierras- y condenando al hambre, a la miseria y a la muerte a casi quince millones de aldeanos sin más que su porción de tierra y trabajo. Finalmente, cómo el uso indiscriminado de la deportación se aplicó a pueblos enteros y cómo vivían extranjeros –griegos, alemanes, coreanos- en Kazajistán.

            La Séptima Parte, Stalin ya no está, expone la supervivencia de los campos de exterminio y confinamiento bajo el mando de Jruschov, por más que el relato oficial negara su permanencia y, sobre todo, las repercusiones de la publicación de Un día… y cómo el poder soviético, abrumado por la denuncia implícita, inspiró a una corte de escritores oficialistas para acallar el malestar de la opinión pública al conocer la verdad.

El Archipiélago en toda su dimensión

            De los tres volúmenes que componen esta obra monumental, éste es el más personal e íntimo, donde el autor vuelca su propia versión de lo ocurrido durante casi quince años. Si bien repite el esquema de los anteriores, con infinidad de relatos testimoniales, el lector toma conciencia de las emociones de Solzhenitsyn y de su mirada crítica a su propio desempeño.

            Siempre fluido, aunque algo repetitivo, este ensayo es una formal denuncia de un régimen opresivo que imperó más de setenta años en base a terror y delación. Indispensable para hacer ejercicio de memoria.

sábado, 23 de diciembre de 2017

e-book 24. Poética del dolor de la pérdida. Mortal y rosa, Francisco Umbral


Booket, 2007

I.

            Quería cerrar el año con un par de libros señeros, de los que dejan huella; por eso escogí éste entre varios. Fue Yossi Barzilai quien lo recomendara y me allegara gentilmente la copia digital hace casi tres años. Luego vinieron las opiniones de dos grandes lectoras, Utopía y AnaBlasfuemia, quienes mentaron la obra en sendas reseñas. Me pareció un título digno de cierre y lo encaré.

II.

            El propio Umbral se encarga de contarnos que el libro es una suerte de diario personal que, como tantos otros, fue escrito en horas dolientes, y abandonado un par de veces, para ser proseguido a fuerza de empellones y ejercicio de una constancia no siempre presente. Basado en reflexiones disparadas por la muerte de su hijo, el autor no se circunscribe al dolor causado por su deceso –aunque es el tema central- sino que arrastra a otros ámbitos el dolor de la pérdida en general: la vida de un ser querido, la juventud, las creencias…


La edición digital, gentileza de Yossi Barzilai

III.

            Con una prosa que alcanza ribetes líricos, Umbral construye una sentida expresión del dolor en base a pura sinceridad, utilizando metáforas elaboradas, letras de canciones y fragmentos de otros autores que acompañan al texto poético de quien se siente desolado por la pérdida de ese hijo que encarnaba su compromiso con la vida, con el futuro. Así, de esa trunca experiencia nos participa Umbral con el esplendor de sus palabras, giros y toda una gama de recursos estilísticos que ponen de manifiesto cuánto dolor alberga su corazón ante tamaña ausencia.

IV.

            Los libros –su olor y su tipografía-; la literatura y el ambiente literario –los escritores, sus afanes, sus sueños, sus bajezas-; las mujeres –el sexo, su carnalidad, el erotismo- son también parte de este derrotero sin orden, a salto de mata, plenamente evocativo y reflexivo de un hombre que, sin su hijo, se ha quedado virtualmente desnudo, sin brújula ni objetivo. Un libro que duele en su contenido, pero de una belleza estética sin par, recomendable para todo lector sensible.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Archipiélago Gulag. Libro 2, Alexandr Solzhenitsyn


Tusquets, 2005

        Esta segunda entrega también se divide en dos partes. La Tercera Parte, Campos de trabajo y exterminio, en algo más de una veintena de capítulos, aborda su formación y las características sobresalientes de la vida en los campos. Así, comienza con el primer campo en las islas Solovkí –hacia 1918- y cómo fue extendiéndose la red. Luego, presenta su organización administrativa, el origen de los trabajos forzados, la construcción del canal Belomor y sus miles de muertos; el endurecimiento del régimen carcelario después de 1937; la aparición de fuerzas de choque; las diferencias entre siervos y zeks, la vida de fascistas capturados en la guerra; las falsas declaraciones del trabajo, coimas y negociados; la vida de las mujeres; las particularidades de castas: enchufados, indígenas y brigadistas; el destino de los comunistas ortodoxos, de los socialistas y de los cristianos; la cooptación de chivatos y soplones; los fusilamientos; la generación de cofrades y rufianes socialmente afines; los cachorros o menores de edad; las cartas como forma de evasión; la vida de los zeks con sus detalles; los guardianes y generales del Gulag; los poblados aledaños y los hombres libres.

            Aquí destaco algunos temas. Primero, la reflexión acerca del trabajo de los condenados: el sistema soviético necesitaba construir canales, carreteras y vías navegables y no habría de acudir al sistema capitalista de concesión y licitación. Qué mejor que el uso indiscriminado, a destajo, de los presos, mano de obra gratuita sin poder de rebelión. Cuando éstos morían, llevaban otro contingente. Segundo, la generación de una clase social acomodada que tenía trabajo de asistencia y logística en los campos –quienes compusieron casi el 90% de los liberados- con beneficios en el trabajo y nutrición. Tercero, el triste final de todos aquellos que no eran capaces de ser doblegados en sus creencias –políticas y religiosas- y terminaron fusilados o muertos por exceso de trabajo y mala alimentación. Por último, la proliferación de mafias en los negociados –como en casi todas partes- con el fin de obtener un poco más de comida y alguna otras bondades.

            La Cuarta Parte, El alma y el alambre de espino, encara, en cuatro capítulos, los sentimientos humanos, el mundo de las ideas, el envilecimiento, la autorrepresión y los destinos de algunos de los zeks con quien el autor mantuvo relación. En ella se alude al sentimiento de inocencia de la mayoría de los condenados  y la mirada orgullosa de lo realizado con las propias manos.

            En esta parte se enfoca la situación mental del recluso, con sus sentimientos de culpa, de venganza de sus delatores, de amor a la vida y de la supervivencia como único objeto y a cualquier precio. Muchos de ellos se envilecían, se traicionaban a sí mismos y se abandonaban a la muerte como medio de fuga de un presente atroz que sólo alberga un futuro aún peor. Si bien eran pocos los suicidios en los campos, eran más los sentimientos negativos de odio y rencor que afloraban y se descargaban entre custodios y reclusos, y entre éstos.

            Este volumen testimonia la realidad del condenado expuesto a trabajos forzados, con alimentación deficiente y condiciones climáticas rigurosamente adversas. Pero también lo hace con la vida dentro de los campos, sus castas, su desarrollo y permanencia y detalla las acciones de las que cada cual ha tenido que valerse para mantener un mínimo de esperanza y sobrevivir a esa vida misérrima y sinsentido. En este aspecto, la deshumanización constante a la que son sometidos los presos, sus rutinarias y aburridas vidas, la  exposición constante a la delación y la imposición del autoaislamiento como medida defensiva señalan inequívocamente las pocas probabilidades de salir con vida de sitios semejantes. En suma, una exhibición de los horrores de los campos de exterminio soviéticos infligidos a sus propios habitantes.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Pelibro 11. Tren nocturno a Lisboa

               Una entusiasta reseña de U-topía hace ya un par de años, despertó mi curiosidad sobre libro y autor. De hecho, leí otro título de Mercier con el que contaba previamente, gracias a ello. Mas uno de los comentarios efectuados en aquélla, indicaba la existencia de una realización cinematográfica basada en ese trabajo. El poder acceder a una copia de la misma, generó este Pelibro.

Libro


Pascal Mercier (Cántaro, 2006)

            Raimund Gregorius, un metódico profesor bernés de lenguas antiguas, al dirigirse a su lugar de trabajo bajo una lluvia copiosa, rescata a una joven mujer de arrojarse a las aguas del Aar sobre el puente de Kirchenfeld. Ella lo acompaña a su clase, le dice que su idioma natal es portugués y desaparece en el recreo. La melodiosa pronunciación del portugués pica su curiosidad y encamina a Mundus –así lo llaman sus alumnos- hacia una biblioteca cercana donde, sobre la mesa, una mujer deja casualmente un libro de Amadeu Inácio de Almeida Prado, El orfebre de las palabras, que comienza a hojear sin entender nada. El bibliotecario no sólo traduce un párrafo sino que le regala el ejemplar. Tocado por parte de su contenido en su fibra íntima, Gregorius decide abandonar sin más sus lecciones en la escuela, su casa, su vida e ir en busca del destino de ese poeta y filósofo con cuyas apreciaciones tanto se identifica.

            Comienza así el periplo de un hombre de cincuenta y siete años, a quien su mujer ha abandonado hace unos meses, en busca de ese otro lisboeta. A la vez que indaga en la biografía de Amadeu Prado a través de quienes le han conocido, su viaje también es una búsqueda de sí mismo; una aventura hacia las entrañas de ese Yo que, escondido tras una vida monótona, aún pervive en lo profundo de su ser.

            La novela está escrita en una suerte de canon musical. Por una parte se encuentra la línea argumental del viaje de Gregorius hacia el pasado de Prado, mientras repasa su propia historia, antes y durante el viaje. Por la otra, en letra cursiva, están las reflexiones y pensamientos de este último, por momentos contradictorios y en otros, de plena claridad. ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos?, ¿igual que nos ven los demás? ¿Cuánto nos apartamos de nuestra naturaleza para no sentirnos solos o no ser aislados por la sociedad?, son algunas de las preguntas que formula Mercier en este maravilloso libro que habla de temores, sueños, anhelos, la fuerza de los recuerdos y las ganas de vivir, y del valor de las palabras como medio de liberación.

            Ameno, fluido, con personajes entrañables de construcción psicológica adecuada y perfectamente delineados, sus más de cuatrocientas páginas se disfrutan en plenitud, pues dejan mucho material para meditar y bucear en cada uno de nosotros. Un best seller que va largamente más allá de lo esperable.


Film


Bille August (Studio Hamburg Filmproduktion, 2013)

              El film de August es una versión libre del libro de Mercier, al que se apega bien en la mitad de la historia y adapta el resto para ofrecer un drama romántico, agradable a la mayoría del público.


            Si bien en la novela existe un triángulo amoroso durante la dictadura de Oliveira Salazar en el Portugal de los años ’70 del siglo pasado, no cobra tanto relieve como en el guión del realizador danés, que hace de él su nervio conductor. Ni tampoco el rol de Gregorius alcanza el realce que el director propone a su protagonista.

              Con escenas creadas ad hoc para el film –que no figuran en el original- y un final abierto que no coincide con la novela, la película queda a medias aguas entre el romance y el thriller, carente del perfil filosófico – reflexivo, verdadero objeto del libro de Mercier, del que toma e intercala algunas frases, sin continuidad ni ilación, sólo para reforzar el perfil psicológico de Prado.

             Destaco la sólida actuación de Jeremy Irons en el rol protagónico, bastante cercano a su homónimo literario, y las efectivas aunque breves apariciones de Charlotte Rampling, Christopher Lee y Lena Olin. El resto del elenco acompaña adecuadamente, sin descollar.

              Ambientado hacia el año 2000, con fondo repartido entre Berna y Lisboa y abundante uso del flashback, el film mantiene el interés y parte de la tensión narrativa hasta el desenlace –tras casi dos horas de duración-, sin alcanzar el brillo, los matices y la complejidad del texto literario, ofreciendo así un producto potable para el espectador, aunque sin mayor recuerdo.
     

Testimonio del undécimo Pelibro